De la ventana rota al enfoque Full Circle Arboriculture

De la ventana rota al enfoque Full Circle Arboriculture

La teoría de la ventana rota explica que un pequeño signo de deterioro, como un vidrio roto que no se repara, se convierte en una señal de abandono que normaliza ese tipo de situaciones y también habilita comportamientos cada vez más dañinos en el entorno. Ese “pequeño” detalle termina escalando en un espiral de deterioro social y ambiental muy difícil de revertir.

Con los árboles urbanos e infraestructura verde sucede algo muy parecido. Una poda mal ejecutada, un alcorque vacío, un árbol dañado que nadie defiende, el suelo estéril o la basura acumulada… son también mensajes silenciosos de que el arbolado es prescindible, decorativo o secundario. Cada uno de esos gestos erosiona la confianza en los proyectos verdes. Erosiona de forma subliminal, en el colectivo social, la idea de “la ciudad” como infraestructura ecológica viva e integrada, capaz de sostener biodiversidad y resiliencia. Y es aquí donde surge la duda:

¿Es posible una ciudad verde sin cultura verde?

Muchos proyectos de arbolado urbano nacen con buenas intenciones y respaldo técnico, pero se diluyen cuando cambian las prioridades políticas, los presupuestos o los equipos de gestión. Si la comunidad no se apropia del proyecto, el ciclo se interrumpe y el “efecto ventana rota” vuelve a aparecer, no sobre un árbol aislado, sino sobre la propia política pública.

Una ciudad verde necesita algo más que árboles plantados: necesita una cultura de cuidado verde, arraigada en la ciudad y sostenida en el tiempo. Eso implica:

  • Participación comunitaria real a lo largo de todo el ciclo del proyecto, no solo en la foto de plantación.
  • Transparencia en las decisiones sobre dónde, cómo y para qué se planta.
  • Comunicación ambiental constante que explique, emocione y conecte, para que el cuidado no dependa solo de la “buena voluntad” de un gobierno de turno.

El enfoque Full Circle Arboriculture

Este enfoque propone justamente cerrar el ciclo del árbol en la ciudad, articulando ciencia, gestión, comunidad y comunicación en un mismo sistema. No se trata solo de plantar, sino de sostener, proteger y acompañar el arbolado en el tiempo:

  • Ciencia para entender que el arbolado es infraestructura ecológica estratégica, que regula la temperatura urbana, mejora la calidad del aire y sostiene la biodiversidad.
  • Gestión para garantizar manejo integral, suelos activos, riego, protección y monitoreo continuo.
  • Comunidad para que los árboles sean parte de la identidad barrial y del bienestar cotidiano.
  • Comunicación relacional para traducir conocimiento técnico a lenguaje claro, generar vínculo emocional y construir relatos que inspiren corresponsabilidad.

Desde esta mirada, la comunicación no es un “extra al final del proyecto” que solo nos cuenta lo bien que se hizo, sino un componente estructural que cierra el círculo y evita que el cuidado del arbolado dependa únicamente de ciclos administrativos.

Del descuido a la corresponsabilidad

Romper el ciclo del descuido significa cambiar las señales que la ciudad emite: de abandono a cuidado colectivo. Que cada árbol manejado, cada alcorque limpio y cada iniciativa comunitaria grite “aquí se valora lo verde”. Así, el cuidado del arbolado se convierte en reflejo de una conciencia colectiva de pertenencia, resiliencia y responsabilidad intergeneracional.

Cuando el cuidado es visible, constante y coherente, deja de ser una excepción y se transforma en norma cultural. La ciudad aprende, observa y replica aquello que se protege de manera sostenida. En ese proceso, el arbolado deja de ser paisaje para convertirse en infraestructura viva compartida.

¿Qué cultura de ciudad estás comunicando con tus árboles? Porque cada decisión o cada omisión, deja una huella visible en el paisaje urbano y en la conciencia colectiva. Cuidar el arbolado no es solo una tarea técnica: es una declaración de valores sobre el tipo de ciudad que elegimos construir hoy para heredar mañana.

Cuando la gestión del arbolado urbano se entiende como un sistema integral y estratégico, cada intervención —desde la lectura del territorio hasta la comunicación de su valor— deja de ser una acción aislada y pasa a formar parte de un proceso coherente de sostenibilidad urbana y capital ambiental y social.

Esta mirada orienta los servicios que ofrecemos y se profundiza en
Árbol Urbano 360°
, una plataforma donde la comunicación estratégica cumple un rol clave al cerrar el ciclo de la gestión del arbolado urbano, integrando territorio, decisiones y narrativa con propósito.

Cecilia Michea.

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